Como buen político que uno intenta ser (a diferencia de toda la sarta de pedantes que dicen hacer justicia y solo realizan descarados grandes hurtos) yo anoto en una agenda todo lo que debo hacer. No es fácil llevar un país adelante, pero alguien tiene que hacerlo. Desde pequeño empecé alucinar con eso; soñaba con ser respetado, como policía de película, hoy es una realidad, previo a la presidencia, digo las elecciones, me preparo para enfrentar uno de los obstáculos más apasionados de mi vida. Y esto debería alegraros a todos, pues yo disfruto haciendo política, manejando las reglas para beneficio de toda la gente, para que todos puedan educarse, acceder a internet, tener unas vacaciones dignas, y el año que viene, cuando haya miles y miles y miles de feriados (porque agregaremos 856 días más al calendario y 552 serán feriados), puedan pasarlo de lo más placido, tendidos sobre un sofá contemplando buenos y educativos canales de televisión. Sí, me leyeron bien, y efectivamente soy tan copado como parezco: quiero televisión nutritiva, que atraiga al público, que deje solo de sedarlo, que también le dispense alguna gratificación, porque en las condiciones actuales, digamos la verdad, uno llega a sufrir con la programación pálida que transmiten. ¿Y quién es el responsable? El presidente, porque es muy simple para él decir: esto no va más, esto sí, y esto que no está lo creamos. Muy ocupado me paso el día pensando la salida para un país tan vertiginoso, acantiloso, precipitoso, vulnerable, que se destapa más fácil que una hoya hirviendo, que puede destruirse más rápido que jarro de porcelana arrojado desde una azotea, que puede bailar en una pata, porque la otra se la cortaron a la vuelta de la esquina, donde viven los pibes chorros, esa modalidad que tanto abunda actualmente, de la que todos hablan más nadie hace nada. Yo, déjenme repetirlo con el tono bien alto, YO TENGO LA SOLUCIÓN. Sí, entre mis manos, en mi cabeza, la puedo transcribir sobre cualquier papel, y apenas un país me tome enserio, donde pueda aplicarla, verán ya floreces los nítidos retoños de una Argentina más audaz, heroica, misantropa, que no habla de solidaridad (eso es de tiempos pasados, conservadurismos que siempre sirvieron más de escusa que de solución), sino de violencia, de competencia, de globalización hacia los mercados mundiales, de erradicación de la pobreza.
Así es, lo he pensado todo, y en todo he pensado: mejor educación y trabajo; se acaba la inseguridad (esa que tiene patas y pelos, de la cual habla con tanto temor la gente, como si andaría caminando por la calle, sola, independiente, invencible). Una vez un mundo feliz*, le damos surco a un crecimiento económico desbordante, el país se enriquece y con él su prestigio; luego, el mundo es nuestra casa, podemos entrar y salir de él sin demasiadas explicaciones.
Luego de todos mis años de planificación he llegado, además de las conclusiones aquí brevemente expuestas, a pensar que mi lógica no tiene fallas. No podría compararme con Dios, tengo muy presente mi miseria, pero podríamos decir que si alguien en la tierra, además de Jesús, es el más indicado para proseguir con sus creaciones, entonces ese alguien soy yo.
Alguien de entre el público que estaba de pié, rodeando las sillas donde su ubicaban las personas de más prestigio, levantó su mano sucia, e hizo una pregunta que habría resultado de lo más interesante, de haberla hecho alguien de los que estaban sentados. Preguntó:"¿cuál es la medida para revertir la situación de las villas, que cada día crecen más, y dentro de ellas cada vez más personas quedan sin posibilidades de una vida digna?" Primero silencio, luego una risa, luego todas las personas que estaban sentadas reían, incluido el político, mientras las que estaban paradas parecían no haber comprendido, o al menos por la indiferencia que demostraban, lo que había querido decir.
El político permaneció en silencio, cabeza gacha, mordiéndose el labio inferior, tapándose con la mano la boca, ora rascándose la cabeza, ora acomodándose la corbata; pero sorpresivamente, cuando debía responder a semejante pregunta, continuó con otro tema, sobre estructuras para proveer agua a todos los habitantes, y demás, con lo que la conferencia entera prosiguió por ese rumbo.
Al muchacho que había levantado la mano, le daba vergüenza volver a preguntar ¿acaso no era pertinente su pregunta? ¿Acaso lo había explicado y el no había comprendido? ¿Acaso no eran preguntas dignas de preguntársele a un prestigioso político, él, que nunca había estado frente a tantas personas de renombre? Y como las personas de renombre habían reído de él, y así de rápido también habían olvidado su pregunta, creyó que era su insignificancia la que determinaba dicho desenlace.
Podía verse una tajante diferencia social entre los que vestían elegantes trajes y los que llevaban ropas usadas, gastadas, donadas por compasión; unos estaban sentados, los otros de pié, unos eran bien recibidos por la congregación, los otros omitidos, obviados como ignora un gran artista medio necio a todos los técnicos y personas que hacen posible su realización. Simplemente, unas palabras (las que venían de la silla) se consideraban oportunas, mientras que las otras no eran consideradas, sin más.
Continuaba su discurso este político que a tantas personas sentadas entretenía, que celebraban incluso con aplausos cualquier plan o proyecto futuro, y de los cuales podía verse en sus ojos sacarían algún beneficio. Pero a este hombre la pregunta le seguía resonando, cual una gotera de agua que, en medio de la noche, retumba como una demolición. Acaso su condición social lo favorecía a esto, y alguien de los que estaban sentados no lo habría pensado antes, o de haberlo pensado, no se hubiera hecho problema por esa situación. En efecto, cobrando valor, este hombre volvió a levantar la mano, sin interrumpir el discurso elegante, escultural, fino, guapetón, atractivo, majestuoso, esplendido, como un pimpollo, que estaba dando el político. A este ultimo, tan solo volver a ver esa mano, le subió la temperatura, pero como era ágil de-mente, lo disimulo hasta terminar la idea que estaba contando; nadie se dio cuenta de que el hombre había vuelto a levantar la mano, entonces de pronto, haciendo un gesto sarcástico, burlándose, quitándole relevancia al hombre mismo que levantaba la mano, dijo "¿Y ahora?" levantando los brazos, tirando el cuerpo hacia atrás, y uniendo las manos luego en forma de suplica, como si su intervención fuera de lo más padeciente. Ante esto todo el auditorio que estaba sentado rió; rieron felices, pues se alegraban de ver al político de buenos ánimos; los que estaban de pié, inmutables, no fruncieron el ceño. "quería insistir con esta pregunta: ¿qué va a pasar con las villas? ¿y con el abuso de poder por parte de la policía, del gobierno, de las empresas, del orden económico en general, y de la ventaja que obtienen todos estos sectores estando íntimamente relacionados y tras intereses comunes? ¿qué pasará con eso? ¿usted realmente está dispuesto a cambiar todo, o solo los parches más evidentes, y que peor funcionan?
Las preguntas llegaban más lejos: ante la ausencia de respuesta, antes de sonrojarse, el político sonrió, con lo que todos los que estaban sentados, que habían escuchado con atención al hombre de feo aspecto que hablaba de pie, y que luego le habían clavado la mirada en busca de respuestas al político, también sonrieron y carcajeadamente olvidaron sin más las palabras de el sujeto. El político, una vez más continuó.
Pero no le era agradable sentirse despreciado entre tanta gente que supuestamente escuchaba que decía, pero por orden de alteridad no tenía necesidad de comprenderlo; ya muchas veces en su vida diaria, social, había debido padecerlo, ver padecer a sus hijos, a su clase, ver infecundas apenas salían de su boca, las palabras intrascendentes que, desde una villa, solo vuelan al viento, y como humo en él se dispersan. No. No lo iba a tolerar mucho más. Volvió a levantar la mano respetuosamente, sin estorbar el , primoroso discurso del político; cuando este lo vio, no aguanto la rabia, y demostrando una parte oculta de su persona exclamo: "¿y ahora?". Ante la repetición de la pregunta, del desconcierto por parte de él para responder, de su falta de control de sus emociones, gritó, muy fuerte, las ultimas palabras de una hermosa conferencia, luego de lo cual se retiro, escoltado, a sitio más seguro: "los vamos a matar a todos. Bombas vamos a poner en las villas, veneno, no va a quedar ni un delincuente vas a ver, exterminarlos es la mejor y única solución para un país que quiere pensar en el progreso económico y social". Tras estas palabras, los que estaban sentados se pusieron de pie para aplaudirlo fervientemente.
sábado, 6 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
Reprendido por Máximo.
Había terminado de comer cuando Máximo, mi perro, vino al lado mío y me dijo:
-Habrás observado. Nosotros no somos orgullosos ni guardamos reencor- clavándome la mirada.
Sorprendido exclame:
-¡Los perros no hablan!
Me contempló con calma.
-Bueno, entonces cree que estás loco, o soñando; me da igual, pero deberás escucharme, y verás por los efectos que te causan mis palabras que se trata de algo muy cierto, y que te compete por completo.
Lo observaba.
-Tú llegaste, y te sentaste frente al televisor como un trapo que se mueve en busca de algo sobre lo que arrojarse; te desplomaste. Yo te miraba detrás de la puerta de vidrio, esperaba un saludo. Me miraste en un momento, pero pareciste no verme. En tus ojos podía vislumbrarse el vacío mental que reproduce la vida de carreras que llevas. Has notado que no te guardo rencor, a pesar de que cada vez que tú llegas yo te saludo de lo más feliz.- me dijo.
Y tenía razón. Por mis ojos ahora vivos, se escurrían con velocidad las lágrimas, que bajaban por mi rostro como autos de carrera. ¿Cómo no me había percatado? Tanto tiempo viviendo juntos y ¿ni siquiera un saludo? Me emocioné, lo abrace y le dije:
-Perdón. Soy un despreocupado.
-Oh, no llores, te dije que no te guardo bronca- agregó incomodo.
-Sí, debes odiarme, y estás en tu derecho.
-Oh no.
-Oh sí.
-Muy bien- me dijo-, entonces paga la falta.- dijo fijándome la vista.
Lo miré desconcertado, pero que más daba. Asentí en silencio.
-Yo voy a mirar televisión- dijo corriéndome de la silla y sentándose él-, y tu, iras al garaje, te tiraras sobre mi manta sucia, y te lamerás las manos mientras yo te observo indiferente.
-Habrás observado. Nosotros no somos orgullosos ni guardamos reencor- clavándome la mirada.
Sorprendido exclame:
-¡Los perros no hablan!
Me contempló con calma.
-Bueno, entonces cree que estás loco, o soñando; me da igual, pero deberás escucharme, y verás por los efectos que te causan mis palabras que se trata de algo muy cierto, y que te compete por completo.
Lo observaba.
-Tú llegaste, y te sentaste frente al televisor como un trapo que se mueve en busca de algo sobre lo que arrojarse; te desplomaste. Yo te miraba detrás de la puerta de vidrio, esperaba un saludo. Me miraste en un momento, pero pareciste no verme. En tus ojos podía vislumbrarse el vacío mental que reproduce la vida de carreras que llevas. Has notado que no te guardo rencor, a pesar de que cada vez que tú llegas yo te saludo de lo más feliz.- me dijo.
Y tenía razón. Por mis ojos ahora vivos, se escurrían con velocidad las lágrimas, que bajaban por mi rostro como autos de carrera. ¿Cómo no me había percatado? Tanto tiempo viviendo juntos y ¿ni siquiera un saludo? Me emocioné, lo abrace y le dije:
-Perdón. Soy un despreocupado.
-Oh, no llores, te dije que no te guardo bronca- agregó incomodo.
-Sí, debes odiarme, y estás en tu derecho.
-Oh no.
-Oh sí.
-Muy bien- me dijo-, entonces paga la falta.- dijo fijándome la vista.
Lo miré desconcertado, pero que más daba. Asentí en silencio.
-Yo voy a mirar televisión- dijo corriéndome de la silla y sentándose él-, y tu, iras al garaje, te tiraras sobre mi manta sucia, y te lamerás las manos mientras yo te observo indiferente.
viernes, 29 de octubre de 2010
Con una compañera surgió un dilema: una elección existencial, ¿consiste necesariamente en una elección por demás importante, tracendente, determinante, o, por el contrario, cada elección cotidiana, cada desición que tomamos, por más insignificante que parezca debería considerarse existencialista?
Yo considero que el humano debe elegir constantemente; cada desición tomada, compromete a toda su persona; su pasado, su historia, sus afectos, sus expectativas...
Pero además, compromete todo su futuro; poruqe si yo elijo mirar Tineli en vez de hacer algo "mas productivo", entonces ¿no estoy decidiendo el rumbo futuro que va a tomar mi vida? ¿no me estoy permitiendo determinadas posibilidades, e imposibilitando otras? Cada desición tomada en el presente, sea cual sea, incluye a toda la persona, Dasein (ser ahí: en el mundo, existiendo), que está afectada por su historia, e influenciará sobre toda la existencia personal futura. ¿La remera roja o la negra? Si esta elección no fuere necesaria ¿por qué habría de plantearsela un individuo? y si se la plantea ¿por qué lo hace? ¿no es toda la vida de la persona, toda su existencia, la que conlleva a tal desición? Nadie discute que los actos, las elecciones sean de diversas magnitudes, así quitarse la vida es más determinante que tomar un helado; pero, en el fondo ¿y si no quiero el helado?¿alguien podría obligarme? Si alguien tiene fobia a los pies ¿no es esta una cuestión existencial propia de quien lo vivencia? "Es parte de la religión", de la libertad, de la persona en cuestión, que desde que piensa y se dirige hacia el mundo, ya no es un autómata, sino alguien que vive y siente y es responsable de su angustia y su responsabilidad: ahí la cuestión existencial de toda desición, que conlleva a la responsabilidad de sí mismo en todo momento, y nadie puede responder por nosotros para evitarnos el compromiso.
Yo considero que el humano debe elegir constantemente; cada desición tomada, compromete a toda su persona; su pasado, su historia, sus afectos, sus expectativas...
Pero además, compromete todo su futuro; poruqe si yo elijo mirar Tineli en vez de hacer algo "mas productivo", entonces ¿no estoy decidiendo el rumbo futuro que va a tomar mi vida? ¿no me estoy permitiendo determinadas posibilidades, e imposibilitando otras? Cada desición tomada en el presente, sea cual sea, incluye a toda la persona, Dasein (ser ahí: en el mundo, existiendo), que está afectada por su historia, e influenciará sobre toda la existencia personal futura. ¿La remera roja o la negra? Si esta elección no fuere necesaria ¿por qué habría de plantearsela un individuo? y si se la plantea ¿por qué lo hace? ¿no es toda la vida de la persona, toda su existencia, la que conlleva a tal desición? Nadie discute que los actos, las elecciones sean de diversas magnitudes, así quitarse la vida es más determinante que tomar un helado; pero, en el fondo ¿y si no quiero el helado?¿alguien podría obligarme? Si alguien tiene fobia a los pies ¿no es esta una cuestión existencial propia de quien lo vivencia? "Es parte de la religión", de la libertad, de la persona en cuestión, que desde que piensa y se dirige hacia el mundo, ya no es un autómata, sino alguien que vive y siente y es responsable de su angustia y su responsabilidad: ahí la cuestión existencial de toda desición, que conlleva a la responsabilidad de sí mismo en todo momento, y nadie puede responder por nosotros para evitarnos el compromiso.
martes, 26 de octubre de 2010
Una vivencia extraordinaria
Luego de varios años de egresado regresé a mi antiguo colegio, con motivo de un acto, una celebración, bien no recuerdo. Fui con mi mama, que por haber trabajado ahí también la invitaron. No fue muy significativa la charla, lo interesante sucedió luego.
Resulta que a la salida, mientras atravesaba ese portón tantas veces cruzado tiempo atrás, reconocí a dos ex compañeros que hablaban sentados en un escalón. No los salude, me dió, quién sabe, cierta vergüenza; pero caminamos unos metros con mi mama y pensé en volver; pero como las llaves de casa las tenía ella, y ahora estaba cruzando la calle, le grite que se detenga, que me de mis llaves, que yo me demoraría un rato. Como proseguía su camino atiné a cruzar, pero para entonces ella me escuchó y estaba regresando; yo, que ya llegaba a la otra vereda, nuevamente volví, pero ella otra vez, como quienes no se entienden, estaba cruzando la calle. Me detuve enojado:
-Podés darme las llaves- grité. Ella cruzo para mi vereda nuevamente, molesta por mis gritos, pero como si una fuerza la atrajera, antes de llegar, nuevamente volvío a cruzarse. Para mi incomprensión hizo esto varias veces. Finalmente, me dio las llaves, y descargándose con alguna ofensa se marchó.

Volví al portón del colegio y salude a los muchachos; de uno de ellos me acordaba claramente, del otro no tenía registro, solo sabía que había cursado en el mismo colegio mientras yo lo hacia.
-¿Cómo andan tanto tiempo?- saludé.
-Ey ¿como andás?- respondió Paris, al que recordaba.
Hablamos un poco, de todo, pero finalmente tuve que reconocerle al “desconocido” que no lograba ubicarlo:
-A ver, decime tu nombre completo- le dije.
Me respondió, primer nombre, segundo y el apellido, que ya no recuerdo; en efecto, no recordaba tampoco su nombre; pero sabía que lo conocía. Entonces me invitaron a entrar, en un aula iban a disertar gratuitamente sobre “Lo simbólico imperceptible y su relación con el cuerpo”, y “Nuevas formas de dominación social”; tales eran los títulos, y no pude más que tentarme. Aunque no conocía a nadie más que a ellos dos, acepté.
Entramos y nos ubicamos en medio de la sala, sobre el ala izquierda. Me senté al lado de Paris, sobre una mesa; era el único apoyado sobre una mesa, los demás estaban todos sentados en las sillas. Le Comente que precisamente dos días atrás habíamos hablado de él con Gonza –otro compañero-, y me parecía una inmensa casualidad encontrarlo realmente después de tanto tiempo de no verlo. Esas cosas suceden y sorprenden: cuando alguien deja de existir, para de repente aparecer por varios planos, sea hablado, sea real, combinación que hace del destino un enigma vivo.
Riendo miré hacia atrás y vi la sala repleta. Pero repentinamente los rostros de todos cambiaron el gesto, y la seriedad con que miraban insinuaban que algo malo sucedía en el frente del aula. Miré, y con sorpresa encontré un sujeto, parado en medio, con un arma en la mano; tenía rostro de preocupado, estaba encorvado, y sus ojos traslucían cierta obnubilación: no tuve mejor reacción –quizá por miedo- que ponerme de pie, acto seguido el cual me disparó, dándome en el pulmón derecho. No me dolió, pero pude sentir como mi cuerpo se desvanecía entre los gritos de la gente. La primera sensación fue terrorífica, pero de inmediato me tranquilicé pensando:
-ha llegado el momento de morir, no desesperes.

Mientras caía pensaba en mis últimas palabras, debían ser adecuadas, pues efectivamente serían las últimas. Se me cruzaron muchas cosas por la cabeza en muy poco tiempo; mi mama que le había gritado, mis amigos, mi ex novia, la vida que antes quedaba por vivir –en este punto ya no me resultaba valiosa: presenciar la muerte no era tan temible como imaginarla-, mientras tanto perdía vitalidad, y cuando finalmente quise decir “Ska-p”, ya no tuve la fuerza necesaria ni para pronunciar la primer letra. En ese instante morí (sentí como todo se apagaba; el murmullo a mi alrededor enmudeció, y mi conciencia perdió actividad) y desperté, completamente transpirado, entre las cobijas de mi cama.
Resulta que a la salida, mientras atravesaba ese portón tantas veces cruzado tiempo atrás, reconocí a dos ex compañeros que hablaban sentados en un escalón. No los salude, me dió, quién sabe, cierta vergüenza; pero caminamos unos metros con mi mama y pensé en volver; pero como las llaves de casa las tenía ella, y ahora estaba cruzando la calle, le grite que se detenga, que me de mis llaves, que yo me demoraría un rato. Como proseguía su camino atiné a cruzar, pero para entonces ella me escuchó y estaba regresando; yo, que ya llegaba a la otra vereda, nuevamente volví, pero ella otra vez, como quienes no se entienden, estaba cruzando la calle. Me detuve enojado:
-Podés darme las llaves- grité. Ella cruzo para mi vereda nuevamente, molesta por mis gritos, pero como si una fuerza la atrajera, antes de llegar, nuevamente volvío a cruzarse. Para mi incomprensión hizo esto varias veces. Finalmente, me dio las llaves, y descargándose con alguna ofensa se marchó.

Volví al portón del colegio y salude a los muchachos; de uno de ellos me acordaba claramente, del otro no tenía registro, solo sabía que había cursado en el mismo colegio mientras yo lo hacia.
-¿Cómo andan tanto tiempo?- saludé.
-Ey ¿como andás?- respondió Paris, al que recordaba.
Hablamos un poco, de todo, pero finalmente tuve que reconocerle al “desconocido” que no lograba ubicarlo:
-A ver, decime tu nombre completo- le dije.
Me respondió, primer nombre, segundo y el apellido, que ya no recuerdo; en efecto, no recordaba tampoco su nombre; pero sabía que lo conocía. Entonces me invitaron a entrar, en un aula iban a disertar gratuitamente sobre “Lo simbólico imperceptible y su relación con el cuerpo”, y “Nuevas formas de dominación social”; tales eran los títulos, y no pude más que tentarme. Aunque no conocía a nadie más que a ellos dos, acepté.
Entramos y nos ubicamos en medio de la sala, sobre el ala izquierda. Me senté al lado de Paris, sobre una mesa; era el único apoyado sobre una mesa, los demás estaban todos sentados en las sillas. Le Comente que precisamente dos días atrás habíamos hablado de él con Gonza –otro compañero-, y me parecía una inmensa casualidad encontrarlo realmente después de tanto tiempo de no verlo. Esas cosas suceden y sorprenden: cuando alguien deja de existir, para de repente aparecer por varios planos, sea hablado, sea real, combinación que hace del destino un enigma vivo.
Riendo miré hacia atrás y vi la sala repleta. Pero repentinamente los rostros de todos cambiaron el gesto, y la seriedad con que miraban insinuaban que algo malo sucedía en el frente del aula. Miré, y con sorpresa encontré un sujeto, parado en medio, con un arma en la mano; tenía rostro de preocupado, estaba encorvado, y sus ojos traslucían cierta obnubilación: no tuve mejor reacción –quizá por miedo- que ponerme de pie, acto seguido el cual me disparó, dándome en el pulmón derecho. No me dolió, pero pude sentir como mi cuerpo se desvanecía entre los gritos de la gente. La primera sensación fue terrorífica, pero de inmediato me tranquilicé pensando:
-ha llegado el momento de morir, no desesperes.

Mientras caía pensaba en mis últimas palabras, debían ser adecuadas, pues efectivamente serían las últimas. Se me cruzaron muchas cosas por la cabeza en muy poco tiempo; mi mama que le había gritado, mis amigos, mi ex novia, la vida que antes quedaba por vivir –en este punto ya no me resultaba valiosa: presenciar la muerte no era tan temible como imaginarla-, mientras tanto perdía vitalidad, y cuando finalmente quise decir “Ska-p”, ya no tuve la fuerza necesaria ni para pronunciar la primer letra. En ese instante morí (sentí como todo se apagaba; el murmullo a mi alrededor enmudeció, y mi conciencia perdió actividad) y desperté, completamente transpirado, entre las cobijas de mi cama.
jueves, 21 de octubre de 2010
Siempre la misma historia.

Siempre la misma historia te viene a la cabeza. La has recordado tantas veces que ya no sabes si era realmente así. La tristeza te lleva a recordarlo, y recordarlo a entristecer más. ¿Y qué si te sientes mal, pésimo, al ras del suelo, más abajo que un gusano? Acepta que el sufrimiento es algo esencial en todos; y en quien no lo es, entonces bien por él, pues en vida nunca deberá pasarlo. Si da vueltas sobre tus ojos, si el recuerdo irrumpe desde el fondo para instalarse descaradamente en tus ideas, si se desplaza entre tu sien izquierda y tu sien derecha para que no puedas maniatarlo, no continúes intentando olvidarlo compulsivamente; ya ves que toda una vida no ha sido suficiente. Además, de tanto pensarlo, como masa cruda ya lo has desmoldeado y vuelto a moldear miles de veces, ese recuerdo, más todas las manipulaciones que sufre en el fondo de la conciencia. Ya ni siquiera puedes decir si era de día o de noche; lo has confundido hace tiempo, y no hay dato verídico que pueda responder por vos.
Esa historia que siempre es la misma, y que te viene a la cabeza, te lleva a sentirte sola. No alcanza comparación alguna con ningún insecto, para sentirte más humillada que él; ves las ratas hermosas, los pájaros, no puedes concebirlos, como cual belleza que supera las posibilidades, y se la resigna por su sola existencia. Te defines por las piedras, con ellas te identificas; quizá ellas no sientan, no recuerden. Y comienzan a interesarte, compras de todos colores y formas, disfrutas con eso, aunque no dura mucho, ni es suficiente, ni mucho menos lo que anhelabas. Son piedras, y cuando adviertes tu igualdad con ellas, tu comparación inconsciente, las arrojas a puñados por la ventana de tu departamento, tras lo cual la cierras para no oírlas caer. No soportaste ser una piedra; pero el recuerdo nuevamente se introduce en tu cuerpo, las piedras lo habían debilitado; pero vaya entrenamiento se dio, que en su regreso lo hace con mucha más fuerza. Penetra, y pasa del pensamiento al sentimiento. Sabes que ya pensar no solo es cuestión de olvidar; ¿cómo olvidar lo que corresponde al cuerpo, hormonal, lo afectivo? Si le diste curso, si uniste las palabras con el afecto (algo que sucede naturalmente, pero si uniste pensamientos negativos a afectos negativos) conviene que continúes cavando el surco por el cual quieres que vaya; quizá no sirva de mucho, al final se sufre igual, pero al menos con tu consentimiento; una manera de decirle a tu ego (si así podemos llamar al sujeto interior que desde tu propio pensamiento se te opone) que no permitiras que abusen de tu vida tras tus espaldas; permitirás que te hagan sufrir, pero sabrás de qué modo, al menos en parte, muy diminuta parte, te están haciendo sufrir.

Te asalta el mismo recuerdo de siempre; te odias; le odias; odias la vida y la vida te odia a ti. ¿Para qué vives? Te pregunta en vos baja tu ego. No quiere que lo descubran. "Vivir es feo, reiterativo, siempre lo mismo, la misma mierda, el recuerdo va a volver, ya verás… Hazlo. Una parte de ti lo aclama". Y tú, ¿Dónde estas? ¿Por qué no puedes gobernarlo, gobernarte a ti y tu vida? ¿Eres una o dos personas?; y si fuere solo una –lo más pensable, por cierto-, ¿Cómo enfrentar una lucha semejante, donde el enemigo, es el mismo al que se intenta reparar? Y claro que hay que luchar; sin lucha no hay victoria, y sin victoria no habrá cambios. Y tu vida te apena, no podrías continuar así por mucho más tiempo. -Como las piedras- murmura tu ego-, arrójate por la ventana.
¡No!- gritas fuerte, liberando la angustia, la culpa, la desesperación, y todo lo demás, pero el grito no es suficiente. Gritas nuevamente, y otro, y otro, y caes al suelo mientras golpeas todo lo que te rodea, y lloras de dolor, y sientes que el techo baja hasta el suelo, para aplastarte.
Quizá mañana sea un nuevo día, para despertar con más ánimos. Siempre en las noches, azota la desesperación.
martes, 19 de octubre de 2010
El cielo ha enloquecido
"...una inmensa y oscura tormenta cubre el cielo, y remolinenado desde lo alto comienza a descender hasta unirse con el piso y dar lugar a un inmenso tornado. Se samarrea de un lado al otro, se retuerce y con el latigazo de su cola arrasa contra el suelo..."
El cielo enloqueció y me ha dejao atrapado en el medio; me mira enfurecido, suda sangre, y de sus destiladas gotas de lluvia acida extrae todo su tóxico y me lo lanza al cuerpo, con formas de agujas, me traspasan cada una como si fuere de papel.
El cielo ha enfurecido, ¿quién lo ha malhumorado? Relampagueante sobre mi casa, oscila enorme y rápidamente entre el piso y el universo, me aplasta cuando baja, y me eleva unos metros cuando sube; pero me suelta, y caigo desde las alturas. Golpeo duro, y me vuelve a recoger.
El cielo está atormentado; gira y gira desquiciado sobre su propio eje; ha formado un tornado con todo su cuerpo, y veo que apunta la cola directamente adonde yo me retuerzo de dolor por el suelo. Carga su furia, lo oigo gritar ¿o son más bien suspiros, de cansancio, de aversión? De repente descarga un torrente, cataratas de lluvia que agujerean al planeta cuando caen desde lo altísimo, mezcla con granizo nos llegan del tamaño de iceberg, y lo que antes lograba retorcerse bajo el despiadado trato que nos daba, ya no tenía cuerpo para seguir existiendo.
EL cielo está desquiciado, en derredor del ovalo planetario se comprime y distiende, comprime y distiende, asfixia y desintegra, explota y deja que se pierda… Por los orificios que perforan la tierra se pasea, entra por el norte y sale por el sur, pasa por el infierno durante:
-hace mucho deseaba conocerte- le dice el cielo. Satán sorprendido, incrédulo:
-¿por qué? si tu solo le brindas a los creyentes bienestar, y a mi solo me interesa atormentarlos, endemoniarlos; yo gozo cuando veo como todos se pelean; incluso disfruto cuando, bajo mi mandato, ustedes mismos disfrutan de la violencia que ven.
-oh no- intervino calmo el cielo-; no hay nada que deteste más que al propio humano ¿por qué creéis que estoy aquí? He venido a visitarte, a pactar con vos, a informarte que he arrasado contra todo…
-hermoso- murmuro el diablo; su sonrisa era ambiciosa; detrás de esos ojos desorbitados miles de proyectos macabros resucitaban.
-¿por qué no te vienes conmigo?- añadió el cielo- ¿vamos a hacer de las nuestras, vamos a reivindicarnos? Pues desde que nos han dado existencia, así mismo nos han condenados a permanecer fijos, estacados a nuestra posición y función; nos han respetado y temido, pero ¿has notado? nunca nos conocieron como era debido.
-me gustan tus palabras, camarada- respondió el diablo-. Tomo el tridente y salimos. El cielo comenzaba a despegar cuando:
-espera, ¿tienes lugar para mí?- peguntó el diablo-; todavía no he aprendido a volar.
El cielo se ha fragmentado, ya no es uno sino quintillones (o aún mayor, si no fuere porque debemos encuadrar las medidas dentro de determinado concepto) y azota desde todos lados y a todos los planetas del sistema. Junto al diablo se han acercado al sol, estos dos íntimos amigos desde siempre, y por una especie de engaño lo han sometido, y el cielo se ha reagrupado para con su humedad, hacer fuerza y apagarlo. El sol ya no será una supernova, ya no se desintegrara, ahora como una esfera de concreto apagada, como un trozo grande de carbón, de un empujón lo libran a deambular por el universo. Cada vez más ambiciosos, en conjunto arremeten contra otras galaxias, las agarran desprevenidas, y sofocan todas las estrellas que dan luz en ellas.
Pero Dios mismo ha descendido desde donde no se desciende, para impedir que prosigan su cometido:
-Ey- gritó Dios-, no voy a permitir que destruyan toda mi creación; me ha costado esfuerzo y trabajo, para que dos…
-Ey Ey Ey, escucha una cosita-, intervino el cielo, que al parecer tenía mayor jerarquía que el Diablo-, si crees que no nos está costando esfuerzo destruir todo lo que tú, con tus horripilantes manos, has construido, entonces te equivocas, viejo borracho…- y rieron juntos el cielo y el diablo deslomadamente.
-No- gritó Dios-. Inmediatamente se retiran o…
-¿o qué?¿qué puedes hacernos? Si realmente eres poderoso, entonces haznos transparentes, déjanos sin existencia, carga contra nosotros por todos los daños que te hemos causado, ¿o ya no tienes fuerzas ni siquiera para eso, viejito?
Dios contempló a estos dos rebeldes; sacó un arma, ante lo cual estos se endurecieron, incluso el diablo pidió perdón, pero acto seguido se pegó un tiro, y de su cabeza supuestamente espiritual salió un inmenso caudal de sangre, que verifico que era propiamente animal. Su cuerpo sin vida comenzó a caer hacia el vació.
El cielo y el diablo, que ni por suerte creían encontrarse a dios, que no solo lo habían visto sino que ante ellos se había dado muerte, se miraban “atónitos, asombrados, estupefactos, maravillados, pasmados, sorprendidos, boquiabiertos, patidifusos, turulatos, alucinados, fascinados, confundidos”, “como quien ve visiones, con la boca abierta, sin poder hablar”.
Tartamudeo el diablo antes de poder hablar. Todavía estaba desencajado. Tampoco él y dios nunca se habían visto; su odio era platónico, más ninguno sabía cual era el verdadero poder del otro, si acaso tenían alguno.
Al cielo, que ya había aguantado demasiado al pobre diablo, que lo creía tan poderoso y en verdad era un debilucho habitante del ínfero de la tierra, confiado además de sus indomables poderes, se le cruzó por la cabeza acabar con él, deshacerse de diablo, no le era necesario. El diablo lo miraba, pues en su rostro podía vislumbrase una idea diferente.
-¿Qué sucede camarada?- alcanzó a decir el diablo con marcado miedo, pero el cielo ya lo había devorado.
El cielo enloqueció y me ha dejao atrapado en el medio; me mira enfurecido, suda sangre, y de sus destiladas gotas de lluvia acida extrae todo su tóxico y me lo lanza al cuerpo, con formas de agujas, me traspasan cada una como si fuere de papel.
El cielo ha enfurecido, ¿quién lo ha malhumorado? Relampagueante sobre mi casa, oscila enorme y rápidamente entre el piso y el universo, me aplasta cuando baja, y me eleva unos metros cuando sube; pero me suelta, y caigo desde las alturas. Golpeo duro, y me vuelve a recoger.
El cielo está atormentado; gira y gira desquiciado sobre su propio eje; ha formado un tornado con todo su cuerpo, y veo que apunta la cola directamente adonde yo me retuerzo de dolor por el suelo. Carga su furia, lo oigo gritar ¿o son más bien suspiros, de cansancio, de aversión? De repente descarga un torrente, cataratas de lluvia que agujerean al planeta cuando caen desde lo altísimo, mezcla con granizo nos llegan del tamaño de iceberg, y lo que antes lograba retorcerse bajo el despiadado trato que nos daba, ya no tenía cuerpo para seguir existiendo.
EL cielo está desquiciado, en derredor del ovalo planetario se comprime y distiende, comprime y distiende, asfixia y desintegra, explota y deja que se pierda… Por los orificios que perforan la tierra se pasea, entra por el norte y sale por el sur, pasa por el infierno durante:
-hace mucho deseaba conocerte- le dice el cielo. Satán sorprendido, incrédulo:
-¿por qué? si tu solo le brindas a los creyentes bienestar, y a mi solo me interesa atormentarlos, endemoniarlos; yo gozo cuando veo como todos se pelean; incluso disfruto cuando, bajo mi mandato, ustedes mismos disfrutan de la violencia que ven.
-oh no- intervino calmo el cielo-; no hay nada que deteste más que al propio humano ¿por qué creéis que estoy aquí? He venido a visitarte, a pactar con vos, a informarte que he arrasado contra todo…
-hermoso- murmuro el diablo; su sonrisa era ambiciosa; detrás de esos ojos desorbitados miles de proyectos macabros resucitaban.
-¿por qué no te vienes conmigo?- añadió el cielo- ¿vamos a hacer de las nuestras, vamos a reivindicarnos? Pues desde que nos han dado existencia, así mismo nos han condenados a permanecer fijos, estacados a nuestra posición y función; nos han respetado y temido, pero ¿has notado? nunca nos conocieron como era debido.
-me gustan tus palabras, camarada- respondió el diablo-. Tomo el tridente y salimos. El cielo comenzaba a despegar cuando:
-espera, ¿tienes lugar para mí?- peguntó el diablo-; todavía no he aprendido a volar.
El cielo se ha fragmentado, ya no es uno sino quintillones (o aún mayor, si no fuere porque debemos encuadrar las medidas dentro de determinado concepto) y azota desde todos lados y a todos los planetas del sistema. Junto al diablo se han acercado al sol, estos dos íntimos amigos desde siempre, y por una especie de engaño lo han sometido, y el cielo se ha reagrupado para con su humedad, hacer fuerza y apagarlo. El sol ya no será una supernova, ya no se desintegrara, ahora como una esfera de concreto apagada, como un trozo grande de carbón, de un empujón lo libran a deambular por el universo. Cada vez más ambiciosos, en conjunto arremeten contra otras galaxias, las agarran desprevenidas, y sofocan todas las estrellas que dan luz en ellas.
Pero Dios mismo ha descendido desde donde no se desciende, para impedir que prosigan su cometido:
-Ey- gritó Dios-, no voy a permitir que destruyan toda mi creación; me ha costado esfuerzo y trabajo, para que dos…
-Ey Ey Ey, escucha una cosita-, intervino el cielo, que al parecer tenía mayor jerarquía que el Diablo-, si crees que no nos está costando esfuerzo destruir todo lo que tú, con tus horripilantes manos, has construido, entonces te equivocas, viejo borracho…- y rieron juntos el cielo y el diablo deslomadamente.
-No- gritó Dios-. Inmediatamente se retiran o…
-¿o qué?¿qué puedes hacernos? Si realmente eres poderoso, entonces haznos transparentes, déjanos sin existencia, carga contra nosotros por todos los daños que te hemos causado, ¿o ya no tienes fuerzas ni siquiera para eso, viejito?
Dios contempló a estos dos rebeldes; sacó un arma, ante lo cual estos se endurecieron, incluso el diablo pidió perdón, pero acto seguido se pegó un tiro, y de su cabeza supuestamente espiritual salió un inmenso caudal de sangre, que verifico que era propiamente animal. Su cuerpo sin vida comenzó a caer hacia el vació.
El cielo y el diablo, que ni por suerte creían encontrarse a dios, que no solo lo habían visto sino que ante ellos se había dado muerte, se miraban “atónitos, asombrados, estupefactos, maravillados, pasmados, sorprendidos, boquiabiertos, patidifusos, turulatos, alucinados, fascinados, confundidos”, “como quien ve visiones, con la boca abierta, sin poder hablar”.
Tartamudeo el diablo antes de poder hablar. Todavía estaba desencajado. Tampoco él y dios nunca se habían visto; su odio era platónico, más ninguno sabía cual era el verdadero poder del otro, si acaso tenían alguno.
Al cielo, que ya había aguantado demasiado al pobre diablo, que lo creía tan poderoso y en verdad era un debilucho habitante del ínfero de la tierra, confiado además de sus indomables poderes, se le cruzó por la cabeza acabar con él, deshacerse de diablo, no le era necesario. El diablo lo miraba, pues en su rostro podía vislumbrase una idea diferente.
-¿Qué sucede camarada?- alcanzó a decir el diablo con marcado miedo, pero el cielo ya lo había devorado.
lunes, 11 de octubre de 2010
La desazón de transitar por caminos donde a cada instante se debe decidir por la propia existencia, hacerse cargo de esa vida, y de todos sus penares. A-cada-instante; siempre hacia lo óptimo, que se horroriza de lo indeseado. Esfuerzo constante, por mantenernos dentro del "sentido de la vida".
Enfrentados a la existencia (y a la cultura, y al universo, y a la cama, y a las desiciones de todos los días, al conocimiento de las causa-efecto de nuestros actos, nuestra responsabilidad, "eternamente misericordiosos -entiendase que viene de "miseria"- y humillados") luchamos solos con nuestras fuerzas flacas; a-cada-instante nos vemos arrojados (paridos) a enfrentar la vida (acaso aquí radique la importancia que tuvo siempre la madre para la cultura humana; madre como sosten, madre, o más justamente, "sentido de la vida", que brinda al ser volatil mayor solidificación; madre importante en tanto la vida es un constante renacer).
La culpa, la nostalgía, la alegría, la desilución, la incertidumbre, todo ronda nuestra vida y nuestra vida los hace rondar.
A-cada-instante únicos protagónista de nuestra propia historia. Aunque nos la cuenten, comienza y acaba con nosotros; responsable de cada idea, de cada sensación, de cada desición que, nunca pudiendo satisfacer todas las exigencias, tomamos, de ese suspiro que damos o guardamos según la frescura o vicio del aire. Solo las luces dan alguna idea acerca del terreno; pero las luces, como todo, como nosotros, están dispuestas para perecer, o peor aún, solo existen mientras las mantenemos prendidas, por lo que serían las que nos preservan de perecer: la iluminación de la vida, del sentido, vuelve a escena; y yo, como sujeto, nuevamente me encuentro sobre la tarima, pronto siempre a actuar, precipitado, inclinado hacia el futuro, de tal modo que si uno no decide constantemente, dificilmente pueda luego reponerse de la caida, si no es que queda durante largo tiempo trastabillando.
He aquí una ventaja del fracaso, del error, del trastabilleo: un momento de reflexión, de cambio, de "no tener nada solido y por tanto todo vale como solución", de recobrar la fuerza que perdimos cuando advertimos la insignificancia de nuestra condición, ya no desprestigiarse solo por tamaño: el momento del trastabilleo es un momento de creatividad, de apertura, de estabilidad (aunque en si mismo sea un desliz). En efecto, nunca el alma es tan visible, como cuando por debilidad su coraza falla y su escencia se trasluce.
Uno mismo y la propia vida, ahí a-cada-instante; la responsabilidad de ser libre, la condena que implica, la inmerecida culpabilidad y todos los años que quedan por venir; no queda otra que respirar calmo (precindiendo del azar) y continuar caminando por caminos donde a cada instante se debe decidir por la propia existencia.
Enfrentados a la existencia (y a la cultura, y al universo, y a la cama, y a las desiciones de todos los días, al conocimiento de las causa-efecto de nuestros actos, nuestra responsabilidad, "eternamente misericordiosos -entiendase que viene de "miseria"- y humillados") luchamos solos con nuestras fuerzas flacas; a-cada-instante nos vemos arrojados (paridos) a enfrentar la vida (acaso aquí radique la importancia que tuvo siempre la madre para la cultura humana; madre como sosten, madre, o más justamente, "sentido de la vida", que brinda al ser volatil mayor solidificación; madre importante en tanto la vida es un constante renacer).
La culpa, la nostalgía, la alegría, la desilución, la incertidumbre, todo ronda nuestra vida y nuestra vida los hace rondar.
A-cada-instante únicos protagónista de nuestra propia historia. Aunque nos la cuenten, comienza y acaba con nosotros; responsable de cada idea, de cada sensación, de cada desición que, nunca pudiendo satisfacer todas las exigencias, tomamos, de ese suspiro que damos o guardamos según la frescura o vicio del aire. Solo las luces dan alguna idea acerca del terreno; pero las luces, como todo, como nosotros, están dispuestas para perecer, o peor aún, solo existen mientras las mantenemos prendidas, por lo que serían las que nos preservan de perecer: la iluminación de la vida, del sentido, vuelve a escena; y yo, como sujeto, nuevamente me encuentro sobre la tarima, pronto siempre a actuar, precipitado, inclinado hacia el futuro, de tal modo que si uno no decide constantemente, dificilmente pueda luego reponerse de la caida, si no es que queda durante largo tiempo trastabillando.
He aquí una ventaja del fracaso, del error, del trastabilleo: un momento de reflexión, de cambio, de "no tener nada solido y por tanto todo vale como solución", de recobrar la fuerza que perdimos cuando advertimos la insignificancia de nuestra condición, ya no desprestigiarse solo por tamaño: el momento del trastabilleo es un momento de creatividad, de apertura, de estabilidad (aunque en si mismo sea un desliz). En efecto, nunca el alma es tan visible, como cuando por debilidad su coraza falla y su escencia se trasluce.
Uno mismo y la propia vida, ahí a-cada-instante; la responsabilidad de ser libre, la condena que implica, la inmerecida culpabilidad y todos los años que quedan por venir; no queda otra que respirar calmo (precindiendo del azar) y continuar caminando por caminos donde a cada instante se debe decidir por la propia existencia.
martes, 23 de febrero de 2010
¿casualidad o causalidad?
El debate “casualidad/causalidad” pareciera no tener fin. Algunos atribuyen al azar los acontecimientos que suceden; otros, a las causas de dichos acontecimientos. Y sin embargo, ninguno de los dos, hasta ahora, parecía tener razón.
Unos sostienen que es casualidad cruzarse inesperadamente con alguien, es decir, al destino del azar. Otros consideran que hubo un conjunto de causas que llevaron a esos hechos, y por tanto es causalidad, un conjunto de causas que lleva a un resultado. Quienes explican la casualidad fundamentan y con certeza, que es impredecible lo que puede suceder, por más que las causas existan previamente. Quienes defienden la causalidad, reniegan del azar, y consideran que los hechos son resultado de las causas que los desencadenaron, y este fundamente, también es correcto.
“si voy al cine y te cruzo, sin haberlo planeado, entonces eso es casualidad” sostiene el primero. “pero si vos no ibas al cine, y justo yo no iba para el baño, y estábamos dentro del mismo salón, nunca nos hubiéramos cruzado, por tanto es causalidad” responde el segundo. La discusión se enrrieda cada vez mas en ejemplos y fundamentaciones que se alejan del verdadero problema.
¿Los acontecimientos, se producen por obra del azar, o son un resultado de las causas que lo componen?
Creo que la principal adversidad que encontramos al intentar responder esto, es que mientras creemos que hablamos de un mismo fenómeno, en verdad hablamos de dos cosas diferentes. No digo que se excluyan, que no tengan relación alguna, sino todo lo contrario, se complementan, y de la relación entre ellas (casualidad/causalidad) resultan los acontecimientos.
Pongamos un ejemplo para aclarar. Una persona camina por la calle, cuando llega a la esquina donde iba a doblar, decide continuar derecho. A la media cuadra lo asaltan, o se encuentra con un conocido, o lo mata un cartel, o se tuerce un pie…
Mi postura es que casualidad/causalidad son dos procesos diferentes y distintos, pero ambas parte de un mismo fenómeno.
Cuando este hombre eligió continuar derecho en vez de doblar cambio las posibilidades de su existencia. Las redujo a otro determinado número de posibilidades, completamente diferente a lo que por la otra calle hubiese sucedido. Por tanto, esta sería, en mi opinión, una causa, y es sin duda parte de lo que le sucederá luego. Si el hombre no doblaba, naturalmente no le sucedía lo mismo. Esta causa, entre todas las demás que componen una situación (el hombre andaba por ahí, tenia algo que hacer, iba por esa vereda, hacia determinado lugar, en ese momento, etc.…) determinan relativamente el futuro desenvolvimiento de los hechos. Pero ¡ojo! no lo determinan por completo, una situación escapa al conjunto de causas que la componen, es más que ellas, sino sería fácilmente predecible. En cambio, suceden tantos acontecimientos inesperados, que no podemos negar que son insuficientes las causas para explicar un hecho. ¿Cómo explicaríamos sino que, tanto como pudieron haberle robado, podría no haber sucedido nada? En este caso, las cusas serían casi las mismas y sin embargo haber cambiado completamente la situación. Por tanto, uno advierte que la situación es más que la suma de sus partes, que es más que la causalidad pura. Y aquí yace la resolución de este enigma, y donde introduzco el término causalidad, en relación con las causas.
Si consideramos una situación como un conjunto de causas relacionados entre sí, y que esta relación da un resultado particular (propia de esa combinación de elementos) entonces estamos definiendo este resultado de causas como una estructura. Esta estructura, que es una combinación única de las causas, obtendría en su resultado final un plus, un “mas que la suma de sus partes”, y que serían características que no se encuentran en las causas por separada, sino que son algo nuevo que surge de la combinación particular que se da entre dichos elementos. Tal como H2O se forma con H y O, dando algo completamente nuevo, características que no se encuentran en los elementos por separado. Esta explicación estructural de las situaciones permite entender el fenómeno de la casualidad, la otro parte –junto a las causas- de los acontecimientos. La casualidad sería entonces esa relación particular que se da entre las causas, pero no solo esa suma de causas, sino que obtendría además un margen de “libertad”, de impredecibilidad, dado el plus que obtiene toda estructura de la vinculación entre sus partes. Es pues, diferente una cosa de la otra. La casualidad que intenta explicar todo a partir del azar, no es suficiente si se le fundamenta que bajo los acontecimientos yacen causas que lo condicionan. Y la causalidad es insuficiente cuando dando las causas de los hechos, no puede explicar acontecimientos impredecibles, y que solo a posteriori pueden inferirse sus causas. Podríamos decir que nadie acierte al responder si es causalidad o casualidad el proceso que rige los hechos, dado que niegan la otra parte que constituye una situación.
Una casualidad seria una estructura; compuesta por un conjunto de elementos que serían las causas. Por tanto la casualidad sería el resultado final de causa interrelacionadas, que no determinarían por completo la situación a advenir, pero que influirían grandemente en su constitución. De hecho, la casualidad no es independiente ni mucho menos de las causas que la componen, pero tendría sin embargo un funcionamiento individual, exclusivo y propio, donde estaría infiltrado el azar. Azar que no rige en el vacío, sino sobre las causas que componen esa situación. Por esto es que casualidad/causalidad son dos procesos diferentes de un mismo fenómeno, y no debe discutirse entre estos dos términos dado que son incompatibles de resolver. Como plantear si lo que permite la vida en la tierra es la energía solar, o el oxigeno.
Unos sostienen que es casualidad cruzarse inesperadamente con alguien, es decir, al destino del azar. Otros consideran que hubo un conjunto de causas que llevaron a esos hechos, y por tanto es causalidad, un conjunto de causas que lleva a un resultado. Quienes explican la casualidad fundamentan y con certeza, que es impredecible lo que puede suceder, por más que las causas existan previamente. Quienes defienden la causalidad, reniegan del azar, y consideran que los hechos son resultado de las causas que los desencadenaron, y este fundamente, también es correcto.
“si voy al cine y te cruzo, sin haberlo planeado, entonces eso es casualidad” sostiene el primero. “pero si vos no ibas al cine, y justo yo no iba para el baño, y estábamos dentro del mismo salón, nunca nos hubiéramos cruzado, por tanto es causalidad” responde el segundo. La discusión se enrrieda cada vez mas en ejemplos y fundamentaciones que se alejan del verdadero problema.
¿Los acontecimientos, se producen por obra del azar, o son un resultado de las causas que lo componen?
Creo que la principal adversidad que encontramos al intentar responder esto, es que mientras creemos que hablamos de un mismo fenómeno, en verdad hablamos de dos cosas diferentes. No digo que se excluyan, que no tengan relación alguna, sino todo lo contrario, se complementan, y de la relación entre ellas (casualidad/causalidad) resultan los acontecimientos.
Pongamos un ejemplo para aclarar. Una persona camina por la calle, cuando llega a la esquina donde iba a doblar, decide continuar derecho. A la media cuadra lo asaltan, o se encuentra con un conocido, o lo mata un cartel, o se tuerce un pie…
Mi postura es que casualidad/causalidad son dos procesos diferentes y distintos, pero ambas parte de un mismo fenómeno.
Cuando este hombre eligió continuar derecho en vez de doblar cambio las posibilidades de su existencia. Las redujo a otro determinado número de posibilidades, completamente diferente a lo que por la otra calle hubiese sucedido. Por tanto, esta sería, en mi opinión, una causa, y es sin duda parte de lo que le sucederá luego. Si el hombre no doblaba, naturalmente no le sucedía lo mismo. Esta causa, entre todas las demás que componen una situación (el hombre andaba por ahí, tenia algo que hacer, iba por esa vereda, hacia determinado lugar, en ese momento, etc.…) determinan relativamente el futuro desenvolvimiento de los hechos. Pero ¡ojo! no lo determinan por completo, una situación escapa al conjunto de causas que la componen, es más que ellas, sino sería fácilmente predecible. En cambio, suceden tantos acontecimientos inesperados, que no podemos negar que son insuficientes las causas para explicar un hecho. ¿Cómo explicaríamos sino que, tanto como pudieron haberle robado, podría no haber sucedido nada? En este caso, las cusas serían casi las mismas y sin embargo haber cambiado completamente la situación. Por tanto, uno advierte que la situación es más que la suma de sus partes, que es más que la causalidad pura. Y aquí yace la resolución de este enigma, y donde introduzco el término causalidad, en relación con las causas.
Si consideramos una situación como un conjunto de causas relacionados entre sí, y que esta relación da un resultado particular (propia de esa combinación de elementos) entonces estamos definiendo este resultado de causas como una estructura. Esta estructura, que es una combinación única de las causas, obtendría en su resultado final un plus, un “mas que la suma de sus partes”, y que serían características que no se encuentran en las causas por separada, sino que son algo nuevo que surge de la combinación particular que se da entre dichos elementos. Tal como H2O se forma con H y O, dando algo completamente nuevo, características que no se encuentran en los elementos por separado. Esta explicación estructural de las situaciones permite entender el fenómeno de la casualidad, la otro parte –junto a las causas- de los acontecimientos. La casualidad sería entonces esa relación particular que se da entre las causas, pero no solo esa suma de causas, sino que obtendría además un margen de “libertad”, de impredecibilidad, dado el plus que obtiene toda estructura de la vinculación entre sus partes. Es pues, diferente una cosa de la otra. La casualidad que intenta explicar todo a partir del azar, no es suficiente si se le fundamenta que bajo los acontecimientos yacen causas que lo condicionan. Y la causalidad es insuficiente cuando dando las causas de los hechos, no puede explicar acontecimientos impredecibles, y que solo a posteriori pueden inferirse sus causas. Podríamos decir que nadie acierte al responder si es causalidad o casualidad el proceso que rige los hechos, dado que niegan la otra parte que constituye una situación.
Una casualidad seria una estructura; compuesta por un conjunto de elementos que serían las causas. Por tanto la casualidad sería el resultado final de causa interrelacionadas, que no determinarían por completo la situación a advenir, pero que influirían grandemente en su constitución. De hecho, la casualidad no es independiente ni mucho menos de las causas que la componen, pero tendría sin embargo un funcionamiento individual, exclusivo y propio, donde estaría infiltrado el azar. Azar que no rige en el vacío, sino sobre las causas que componen esa situación. Por esto es que casualidad/causalidad son dos procesos diferentes de un mismo fenómeno, y no debe discutirse entre estos dos términos dado que son incompatibles de resolver. Como plantear si lo que permite la vida en la tierra es la energía solar, o el oxigeno.
lunes, 26 de octubre de 2009
El pequeño y finito universo
Caminando y observando el suelo percibí como nunca antes la continua e ilimitada sucesión de los hechos y las cosas. Visualizo una piedra, la sigo con la mirada mientras me acerco, la tengo abajo y de repente: desaparece tras nuestro paso. Y solo retrocediendo podríamos volverla a observar; pero solo si ese elemento que vimos es relativamente fijo, y por tanto cuando regresemos por ella aun la encontremos en el mismo lugar; de lo contrario, no encontraríamos lo que antes habíamos visto. En este caso, tal como es el caso de todos los hechos y situaciones que no quedan en el pasado como los objetos, sino que suceden, modifican el universo, y vuelven a desaparecer repentinamente, entonces es imposible mediante un retroceso volverlos a encontrar; incluso el retroceso se vuelve imposible, dada la uní direccionalidad del tiempo que rige la vida de todos los seres vivos (y de todo lo que existe, me atrevería a decir). Los hechos no son reversibles, una vez consumados, ya no pueden modificarse. Podremos trabajar en las consecuencias, es decir, en el resultado de dichos procesos pasados, que continúan en el presente; pero esta continuación no es ni lejos la original (y nos remontaríamos al infinito buscando la causa primera), ni por otro lado, las situaciones presentes, son resultado directo de aquellas situaciones, sino consecuencia de una maraña de hechos y desenlaces.
En fin, el tiempo es irreversible (esto aun está más acentuado en el capitalismo; no es casualidad que la configuración horaria que rige el sistema actual, provenga de la “época industrial”, la cual se estructuro de este modo para organizar las jornadas laborales de sus obreros). Por otro lado, no solo es irreversible, es decir, que uno no puede aunque quiera retrocederlo; esto parecería más bien un capricho que la aceptación de la realidad. En verdad, esos hechos pasados e irrecuperables, no se encuentran ni en el universo mismo, porque sucedieron en un instante e instantáneamente se modificaron, y dejaron de existir. Pero ahora esa modificación era una nueva situación, que tan pronto como sucedía, cambiaba y volvía a desaparecer. Y así una tras otra, desde y hasta el infinito (seria un error considerar que el infinito es desde y hasta, dado que seria posicionarnos en un lugar intermedio, siendo que el infinito, no tiene puntos medios, ni antes ni despueses).
En consecuencia esta irreversibilidad de los hechos que sucedieron, son más resistentes que el esqueleto mismo de nuestro cuerpo. Porque no solo son rígidos e inmutables, sino que no están bajo nuestro poder, ningún tipo de poder humano.
Al hombre le queda por advertir esté hecho, a saber, que la existencia es un sucesivo pasaje de instantes, instantes sin tiempo, instantes que son parte de la situación particular, y desaparecen nuevamente en el tiempo (esto me hace pensar, que no pueden ser infinitos, dado que el tiempo los suprime). Es decir, hay que vivir aquí y ahora, no quiero aburrir, los mayas lo nombran, es vivir la existencia; es vivir-la-existencia misma, siendo parte de ella. Es saberse parte del universo en ese determinado momento. Ser parte de los instantes que se suceden unos tras otros y que nos permiten durante determinado tiempo (la finita vida humana) una participación de esa existencia; esa existencia universal, que es al menos el organismo mas grande que llegamos a conocer. Si el hombre puede con esto, acepta el presente como su único tiempo real, entonces puede mejorar su pasado y esperar un buen porvenir, dado que no espera el pasado y el futuro como algo construido, sino como completamente dependientes del sujeto en situación, y la situación, es ahora.
Considerar lo que existe en el universo (desde la materia oscura, hasta los seres vivos) como organismos o sistemas, unos dentro de otros, pero en verdad, todos partes de infinitos procesos y por tanto no hay dentro y fuera, ni pequeño ni grande, considerar simplemente como sistema todo cuanto existe, presenta claras y grandes ventajas. (Por ahora creo en un infinito metafísico, es decir, infinidad de procesos, pero no en un infinito físico, dado que todo lo que posee materia, en mi opinión, debe ser limitado, aunque no podría decir hasta donde se extiende lo físico).
Muchas veces he pensado aunque con el siempre presente límite humano, lo siguiente: dado que el universo es infinito, no hay medidas que rijan su existencia; nosotros podemos ser grandes en comparación a una hormiga, pero ella inmensa respecto a una célula. Y lo mismo que los árboles lo son de nosotros, y el planeta de los árboles. Si los tamaños tienen importancia, es solo en la vida humana que mide, y cuenta, y suma… pero en verdad, las medidas no existen en el universo. El hecho de que el universo sea infinito indica que la existencia se rige por otras leyes que la dimensión de la vida humana: que todo lo mide, que todo lo intenta controlar, que sabe que el tiempo nunca deja de pasar; pero en el universo, al “tiempo” no le interesa el transcurrir de los hechos. No tiene un origen ni tiene un fin, sino que viene desde siempre, y va hasta siempre. Esas son sus medidas.
Pero al decir esto uno choca con que, quizás, esto que llamamos infinito, desde y hasta siempre, en verdad tenga un origen, y probablemente un fin; si afirmamos que nada tiene medidas en el universo, bien podría suceder que en verdad el origen de lo que denominamos universo haya sucedido en algún tiempo, pero que el humano por su diminutés, mas diminuto que la creación del universo, no pueda nunca comprobar. Es decir, la vida humana dura en relación a la de un mosquito una eternidad, pero es sumamente breve en relación a la de una tortuga marina, que vive hasta 200 años. En verdad, esto es muy limitado en comparación a medidas mayores; por ejemplo, el tiempo que tiene el planeta tierra; sin embargo, es nada al lado de la edad de nuestra galaxia; y esta no es nada en comparación al tiempo que tiene el universo. Y este es el límite que nos impide seguir pensando; porque decimos, el universo es infinito y creemos que abarca todo; pero bien podría ser que sea una medida gigantesca, incomprensible al conocimiento humano, y por tanto lo consideraríamos infinito, mas tendría medidas y un periodo de duración, como lo tiene la vida, como lo tiene la existencia de una galaxia, y prácticamente de todo lo que conocemos. En verdad creemos que el universo es “infinito”, y sin embargo los cambios que notamos los consideramos como naturales tras el paso en el tiempo; es decir, aunque el universo no avanza en el tiempo, el pasaje del tiempo afecta al universo. Si esto es así, entraríamos en una contradicción; pues seria como si en el espacio que es infinito, de repente no cupiesen más objetos. Lo mismo el tiempo: si el universo es infinito ¿por qué el paso del tiempo los afecta al pasar? Bien puede que el tiempo les afecte pero sin embargo, esa existencia que no podríamos delimitar, nunca termine de existir (esto seria existir infinitamente y modificarse en el transcurso; pero, ¿transcurso de que? ¿Dónde?). Creo que pensar en que algo existe desde y hasta siempre, y que no obstante se modifica, es menos coherente que decir que si los objetos se modifican a través del tiempo, es porque son partes de procesos también limitados, o mejor, donde el tiempo pasa y tiene influencia, pero que sin embargo es tan amplio para nosotros (el universo), los humanos, que no logramos comprenderlo. Es decir: el universo en verdad no es infinito, sino que es “tan grande” midiéndolo humanamente, que no lo podemos llegar a conocer; pero que si el paso del tiempo le afecta entonces su existencia tendría fecha de caducidad.
Sin haberlo planeado, y habiendo promulgado por mucho tiempo la existencia del infinito como la verdad última de la existencia (y quizas el alivio mas grande que poseia), acabo de plantearme un supuesto por la cual niego la existencia del infinito. Y es del siguiente modo, a modo de ensayo.
“El universo considerado infinito, es otro error causa de las mal mediciones que hace el hombre; en verdad, el tiempo y el espacio son dimensiones que rigen al universo, tal como en nosotros, solo que lo hace en un periodo que denominaríamos “mayor”. Un proceso mucho más grande que el nuestro, y por esto, inasequible al conocimiento humano. Sostengo que estas medidas pueden ser gigantescas, pero que existen al fin, e incluso debe suponerse que tal como las medidas humanas son pequeñas en comparación a las del universo, las medidas del universo serian muy pequeñas en comparación a la de los procesos a los cuales pertenecería. Tal como una catarata dura mas en el tiempo que una chispa, y el universo dura mas que la tierra, lo que contiene al universo dura mas que el universo, y así, uno dentro de otro los procesos, quien sabe hasta donde llegan. Hace un rato, hubiese dicho de inmediato: hasta el infinito; pero ahora ya no puedo concebirlo así; en verdad, acabo de suponer y con convicción, que el universo existe desde y hasta algún momento; que es superior a lo que podemos comprender, pero no por eso ilimitado, infinito. (No seria incorrecto pensar que el universo, aunque sea inmensísimo, cupiese dentro de una tapita de gaseosa, y ser parte a su vez, de muchísimos y mayores procesos mas).”
Pero al final no hable de sistemas; decía: si consideramos como sistemas a todo cuanto existe, podemos comprender el hecho de que existan tan diversas medidas; una analogía es al respecto recurrente:
Un átomo es el elemento más pequeño que el hombre puede conocer. El átomo seria nuestro primer sistema. Este conforma moléculas (nuevo sistema); las moléculas conforman células; las células conforman tejidos; los tejidos órganos; los órganos organismos; y los organismos son parte de organismos superiores (todos son sistemas, que a su vez se relacionan entre si); tal como la tierra y sistema solar, y este y la galaxia, la galaxia y el universo, el universo y… [Lo que no sabemos como se llama, ya que nunca lo hemos nombrado dado que los humanos no sabemos de su existencia], y así sucesivamente. Los sistemas serian las estructuras, compuestos por elementos que forman un conjunto, y a su vez este conjunto formaría parte de otros conjuntos, es decir, de otros sistemas; así la tierra gira alrededor del sol, y este alrededor de sirio (el sol de la galaxia), y la galaxia se desplaza en el espacio (y dado que el universo “es infinito” nadie aun se ha preguntado, donde gira el universo). Ver sistemas donde existe algo, permite no abstraerlo de su funcionamiento, sino al contrario, verlo en el lugar que le corresponde, aunque no comprendamos como y desde cuando esta ahí.
Intercalar el hecho de que el universo es finito con que todo lo que existe podemos concebirlos como sistemas, permite entender la relación compleja que se da entre los elementos, entre los sistemas, y sus resultados, sin que podamos no obstante determinar sus causas. Como intentar inferir de donde surge la vida del hombre; ni siquiera podemos saber de donde surge la vida humana, si tan solo fuésemos un poco mas limitados, quizás creeríamos que también somos infinitos; es decir, que venimos desde siempre. Y no poder esclarecer el origen del hombre, revela cuan limitado es el conocimiento humano, y por tanto seria apresurarse a los hechos, y de hecho un prejuicio, peor aun, basado en la extrema subjetividad (y en medidas humanas), creer que el universo es infinito, sin advertir que nosotros nos caracterizamos por no entender nada de medidas, y en ultima instancia, de la existencia. A no olvidar antes que nada lo que dijo con razón Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”.
En fin, el tiempo es irreversible (esto aun está más acentuado en el capitalismo; no es casualidad que la configuración horaria que rige el sistema actual, provenga de la “época industrial”, la cual se estructuro de este modo para organizar las jornadas laborales de sus obreros). Por otro lado, no solo es irreversible, es decir, que uno no puede aunque quiera retrocederlo; esto parecería más bien un capricho que la aceptación de la realidad. En verdad, esos hechos pasados e irrecuperables, no se encuentran ni en el universo mismo, porque sucedieron en un instante e instantáneamente se modificaron, y dejaron de existir. Pero ahora esa modificación era una nueva situación, que tan pronto como sucedía, cambiaba y volvía a desaparecer. Y así una tras otra, desde y hasta el infinito (seria un error considerar que el infinito es desde y hasta, dado que seria posicionarnos en un lugar intermedio, siendo que el infinito, no tiene puntos medios, ni antes ni despueses).
En consecuencia esta irreversibilidad de los hechos que sucedieron, son más resistentes que el esqueleto mismo de nuestro cuerpo. Porque no solo son rígidos e inmutables, sino que no están bajo nuestro poder, ningún tipo de poder humano.
Al hombre le queda por advertir esté hecho, a saber, que la existencia es un sucesivo pasaje de instantes, instantes sin tiempo, instantes que son parte de la situación particular, y desaparecen nuevamente en el tiempo (esto me hace pensar, que no pueden ser infinitos, dado que el tiempo los suprime). Es decir, hay que vivir aquí y ahora, no quiero aburrir, los mayas lo nombran, es vivir la existencia; es vivir-la-existencia misma, siendo parte de ella. Es saberse parte del universo en ese determinado momento. Ser parte de los instantes que se suceden unos tras otros y que nos permiten durante determinado tiempo (la finita vida humana) una participación de esa existencia; esa existencia universal, que es al menos el organismo mas grande que llegamos a conocer. Si el hombre puede con esto, acepta el presente como su único tiempo real, entonces puede mejorar su pasado y esperar un buen porvenir, dado que no espera el pasado y el futuro como algo construido, sino como completamente dependientes del sujeto en situación, y la situación, es ahora.
Considerar lo que existe en el universo (desde la materia oscura, hasta los seres vivos) como organismos o sistemas, unos dentro de otros, pero en verdad, todos partes de infinitos procesos y por tanto no hay dentro y fuera, ni pequeño ni grande, considerar simplemente como sistema todo cuanto existe, presenta claras y grandes ventajas. (Por ahora creo en un infinito metafísico, es decir, infinidad de procesos, pero no en un infinito físico, dado que todo lo que posee materia, en mi opinión, debe ser limitado, aunque no podría decir hasta donde se extiende lo físico).
Muchas veces he pensado aunque con el siempre presente límite humano, lo siguiente: dado que el universo es infinito, no hay medidas que rijan su existencia; nosotros podemos ser grandes en comparación a una hormiga, pero ella inmensa respecto a una célula. Y lo mismo que los árboles lo son de nosotros, y el planeta de los árboles. Si los tamaños tienen importancia, es solo en la vida humana que mide, y cuenta, y suma… pero en verdad, las medidas no existen en el universo. El hecho de que el universo sea infinito indica que la existencia se rige por otras leyes que la dimensión de la vida humana: que todo lo mide, que todo lo intenta controlar, que sabe que el tiempo nunca deja de pasar; pero en el universo, al “tiempo” no le interesa el transcurrir de los hechos. No tiene un origen ni tiene un fin, sino que viene desde siempre, y va hasta siempre. Esas son sus medidas.
Pero al decir esto uno choca con que, quizás, esto que llamamos infinito, desde y hasta siempre, en verdad tenga un origen, y probablemente un fin; si afirmamos que nada tiene medidas en el universo, bien podría suceder que en verdad el origen de lo que denominamos universo haya sucedido en algún tiempo, pero que el humano por su diminutés, mas diminuto que la creación del universo, no pueda nunca comprobar. Es decir, la vida humana dura en relación a la de un mosquito una eternidad, pero es sumamente breve en relación a la de una tortuga marina, que vive hasta 200 años. En verdad, esto es muy limitado en comparación a medidas mayores; por ejemplo, el tiempo que tiene el planeta tierra; sin embargo, es nada al lado de la edad de nuestra galaxia; y esta no es nada en comparación al tiempo que tiene el universo. Y este es el límite que nos impide seguir pensando; porque decimos, el universo es infinito y creemos que abarca todo; pero bien podría ser que sea una medida gigantesca, incomprensible al conocimiento humano, y por tanto lo consideraríamos infinito, mas tendría medidas y un periodo de duración, como lo tiene la vida, como lo tiene la existencia de una galaxia, y prácticamente de todo lo que conocemos. En verdad creemos que el universo es “infinito”, y sin embargo los cambios que notamos los consideramos como naturales tras el paso en el tiempo; es decir, aunque el universo no avanza en el tiempo, el pasaje del tiempo afecta al universo. Si esto es así, entraríamos en una contradicción; pues seria como si en el espacio que es infinito, de repente no cupiesen más objetos. Lo mismo el tiempo: si el universo es infinito ¿por qué el paso del tiempo los afecta al pasar? Bien puede que el tiempo les afecte pero sin embargo, esa existencia que no podríamos delimitar, nunca termine de existir (esto seria existir infinitamente y modificarse en el transcurso; pero, ¿transcurso de que? ¿Dónde?). Creo que pensar en que algo existe desde y hasta siempre, y que no obstante se modifica, es menos coherente que decir que si los objetos se modifican a través del tiempo, es porque son partes de procesos también limitados, o mejor, donde el tiempo pasa y tiene influencia, pero que sin embargo es tan amplio para nosotros (el universo), los humanos, que no logramos comprenderlo. Es decir: el universo en verdad no es infinito, sino que es “tan grande” midiéndolo humanamente, que no lo podemos llegar a conocer; pero que si el paso del tiempo le afecta entonces su existencia tendría fecha de caducidad.
Sin haberlo planeado, y habiendo promulgado por mucho tiempo la existencia del infinito como la verdad última de la existencia (y quizas el alivio mas grande que poseia), acabo de plantearme un supuesto por la cual niego la existencia del infinito. Y es del siguiente modo, a modo de ensayo.
“El universo considerado infinito, es otro error causa de las mal mediciones que hace el hombre; en verdad, el tiempo y el espacio son dimensiones que rigen al universo, tal como en nosotros, solo que lo hace en un periodo que denominaríamos “mayor”. Un proceso mucho más grande que el nuestro, y por esto, inasequible al conocimiento humano. Sostengo que estas medidas pueden ser gigantescas, pero que existen al fin, e incluso debe suponerse que tal como las medidas humanas son pequeñas en comparación a las del universo, las medidas del universo serian muy pequeñas en comparación a la de los procesos a los cuales pertenecería. Tal como una catarata dura mas en el tiempo que una chispa, y el universo dura mas que la tierra, lo que contiene al universo dura mas que el universo, y así, uno dentro de otro los procesos, quien sabe hasta donde llegan. Hace un rato, hubiese dicho de inmediato: hasta el infinito; pero ahora ya no puedo concebirlo así; en verdad, acabo de suponer y con convicción, que el universo existe desde y hasta algún momento; que es superior a lo que podemos comprender, pero no por eso ilimitado, infinito. (No seria incorrecto pensar que el universo, aunque sea inmensísimo, cupiese dentro de una tapita de gaseosa, y ser parte a su vez, de muchísimos y mayores procesos mas).”
Pero al final no hable de sistemas; decía: si consideramos como sistemas a todo cuanto existe, podemos comprender el hecho de que existan tan diversas medidas; una analogía es al respecto recurrente:
Un átomo es el elemento más pequeño que el hombre puede conocer. El átomo seria nuestro primer sistema. Este conforma moléculas (nuevo sistema); las moléculas conforman células; las células conforman tejidos; los tejidos órganos; los órganos organismos; y los organismos son parte de organismos superiores (todos son sistemas, que a su vez se relacionan entre si); tal como la tierra y sistema solar, y este y la galaxia, la galaxia y el universo, el universo y… [Lo que no sabemos como se llama, ya que nunca lo hemos nombrado dado que los humanos no sabemos de su existencia], y así sucesivamente. Los sistemas serian las estructuras, compuestos por elementos que forman un conjunto, y a su vez este conjunto formaría parte de otros conjuntos, es decir, de otros sistemas; así la tierra gira alrededor del sol, y este alrededor de sirio (el sol de la galaxia), y la galaxia se desplaza en el espacio (y dado que el universo “es infinito” nadie aun se ha preguntado, donde gira el universo). Ver sistemas donde existe algo, permite no abstraerlo de su funcionamiento, sino al contrario, verlo en el lugar que le corresponde, aunque no comprendamos como y desde cuando esta ahí.
Intercalar el hecho de que el universo es finito con que todo lo que existe podemos concebirlos como sistemas, permite entender la relación compleja que se da entre los elementos, entre los sistemas, y sus resultados, sin que podamos no obstante determinar sus causas. Como intentar inferir de donde surge la vida del hombre; ni siquiera podemos saber de donde surge la vida humana, si tan solo fuésemos un poco mas limitados, quizás creeríamos que también somos infinitos; es decir, que venimos desde siempre. Y no poder esclarecer el origen del hombre, revela cuan limitado es el conocimiento humano, y por tanto seria apresurarse a los hechos, y de hecho un prejuicio, peor aun, basado en la extrema subjetividad (y en medidas humanas), creer que el universo es infinito, sin advertir que nosotros nos caracterizamos por no entender nada de medidas, y en ultima instancia, de la existencia. A no olvidar antes que nada lo que dijo con razón Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”.
lunes, 5 de octubre de 2009
Libertad; perla escencial del hombre.
La libertad es propia de los animales, desde que hay un deseo diferente al actual, ya hay un ser que vivencia esa cadena de impulsos y tendencias, que debe ir satisfaciendo, como alimentarse, huir, procrear, y demás, para poder subsistir; por tanto debe actuar en consecuencia de sus necesidades. Pero los animales a diferencia del ser humano, no pueden desprenderse del innatismo y las conductas pautadas por la herencia, por lo que solo serán parcialmente independientes, aunque completamente dependientes (de la naturaleza). Concluimos así que su medio natural es su único modo de vida. El hombre, en cambio, suple cualquier relación determinada por un sistema de lenguaje, que posiciona entre él y el mundo, y le permite nombrarlo, abstraerlo, dominarlo, mientras lo conoce. Seria como si al hombre le patinaran los significados de las cosas, y por tanto pudiera hacer interpretaciones propias de todo, que de hecho es lo que sucede. El hombre posee además de una libertad natural, propia de los animales, una libertad individual, que a su vez es doble, dado que es libre en su individualidad, a partir de que pertenece a una sociedad. Y es este último el fenómeno que libera al hombre más allá que los animales; el hombre trasciende gracias al lenguaje, que conforma civilizaciones, este sistema que le es propio, y por tanto, lo caracteriza de maneras particular. La evolución brindo al hombre la razón, y luego, de las practicas de esta ultima, han salido las diferentes características que conforman al hombre civilizado. Esta razón que por un lado lo somete, y por otro le permite hacer uso de ella, es la que lo hace responsable de los actos y decisiones que toma.
Aclarada la libertad humana por la cual cada persona decide libremente sobre sus actos, y no esta predestinada por su instinto, surge un inconveniente: el hombre tiene la posibilidad de obrar bien como de obrar mal; puede por tanto perjudicar al otro o beneficiarlo, y aunque no pueda consensuarse sobre el criterio de bien o mal, es del hombre de quien depende tal decisión. Partimos de la premisa de que el hombre es en acción, dado que en potencia, tranquilamente podrían considerarse malas algunos pensamientos, y sin embargo no ser incorrectas ni dañinas por no pasar de la imaginación. En acción, en cambio, el hombre es responsable de sus actos, a tal punto que su decisión afectara a un sin numero de vidas haga una u otra cosa.
Lo siguiente pues, seria preguntarse, como realizar lo bueno, que seria al parecer la única actividad favorable al hombre. Y al parecer me veo sumamente influenciado por Aristóteles en este tramo (aunque de lei muy poco), donde en primer lugar hay que considerar la felicidad como fin ultimo, supremo, y la virtud, como medio por el cual conserguirlo. Porque la felicidad en si misma es similar al lujo, tan reducida como el placer y agotable como las emociónes. La virtud del hombre, en cambio, el hombre parsimonioso, contemplativo, que media entre los extremos con justicia y lealtad, pues entonces estará haciendo bien las cosas antes de finalizadas, estará actuando correctamente, por lo que no puede sino devenir un bien superior a partir de estos bienes previos. El fin supremo por lo tanto depende de los fines parciales, como la felicidad (fin ultimo) depende de la virtud (fin intermedio) de quien razona con el alma, y ama la vida contemplativa (y agrego: quien vive espontaneamente conectado con su medio, y no tan encerrado en su cabeza). Pero a decir verdad ¿es la felicidad el fin último de la acción humana, o es la virtud, que es quien permite la felicidad? Por un lado es razonable nombrar la virtud como responsable de la felicidad; pero aun mas importante resulta recalcar que es hacia la felicidad hacia donde se dirigen todas las acciones, ya que es esta la que permite una vida satisfactoria, suficiente y plena, que no cuestiona a quien la vivencia, ya que no es una adquisición, sino un estado. La felicidad no se compra ni se educa (es prácticamente ajena al control voluntario); la virtud en cambio, sí. Porque se llega a ser virtuoso mediante el aprendizaje, mediante la educación que centra en la atención del hombre las actividades del alma (razón). Ante todo el equilibrio. Hipócrates dice: equilibrio de tensiones. Aristóteles en ética Nicomaquea también lo nombra: es el medio y no los extremos los que llevan a una acción justa, y en consecuencia, correcta.
Y si basta con acciones correctas para hacer el bien, pues entonces el bien es un adjetivo adjudicado a distintos estados, que no superan el orden de lo terrenal (podría plantearse el bien como algo divino que presta sus atributos a distintas acciones), o mas bien, ni siquiera superan el orden de lo humano. ¿O acaso los animales actúan bien o mal? Al parecer el bien no es tan trascendente como pensaríamos, sino más bien que depende del sujeto, de la sociedad y las normas en la que esta inserto y, en última instancia, de la opinión general. Pero no va más allá de eso. Sin embargo la virtud supera al actuar correctamente, dado que una vez adquirida se transforma en una estructura, y por lo tanto actúa tanto mejor quien es estructuralmente benéfico, que quien decide hacer el bien en algunas ocasiones, y suplantarlo o contrariarlo haciendo el mal en otras. El primero es un hombre moral; el segundo un hombre practico. El primero quiere el bien supremo, ya sea propio, de su pueblo o universal; el segundo, busca fines particulares. El primero puede referir a las leyes su obrar; el segundo, a sus intereses individuales. Entonces, sin duda, el primero constituye parte del grupo de los hombres justos y virtuosos, que tienden hacia el bien, mientras que el segundo es parte del vulgo, donde las tendencias y pasiones interiores tienen más fuerza sobre las elecciones personales, que la contemplación del alma entrenada. Uno podría considerarse sabio, el otro técnico (y ya notamos en occidente las consecuencias, de formar una sociedad tecnicista).
Y llegamos a conocer del hombre su aspecto mas objetivo: la relación mente – cuerpo. La relación dual entre el instinto y la razón, conformados en una indiscernible dialéctica dentro de una misma persona. Y el discurso nos ha llevado a finalizar con lo que comenzamos; dado que es esta disociación la que le permite al hombre abstraerse del medio natural del cual proviene (a diferencia de los animales), para insertarse en su propio medio, el que conforma como ser humano, la civilización. Por lo tanto el ambiente natural del hombre de cultura es la cultura misma, y por ello le cabe plantearse preguntas como lo bueno, lo malo, lo justo y la libertad, al momento de relacionarse con sus semejantes. Y por lo tanto le cabe preguntarse por el origen de tales acciones, proceso mediante el cual entrena el alma, adquiere la virtud, y si bien no consigue la felicidad (muchas veces los infortunios sobrepasan el espíritu), al menos se desplaza por la senda del bien, por él y para todos, fuente primordial de verdadera libertad. No olvidemos decir que el conocimiento lo acerca a uno a la verdad; y la verdad, es la única fuente de real libertad.
Aclarada la libertad humana por la cual cada persona decide libremente sobre sus actos, y no esta predestinada por su instinto, surge un inconveniente: el hombre tiene la posibilidad de obrar bien como de obrar mal; puede por tanto perjudicar al otro o beneficiarlo, y aunque no pueda consensuarse sobre el criterio de bien o mal, es del hombre de quien depende tal decisión. Partimos de la premisa de que el hombre es en acción, dado que en potencia, tranquilamente podrían considerarse malas algunos pensamientos, y sin embargo no ser incorrectas ni dañinas por no pasar de la imaginación. En acción, en cambio, el hombre es responsable de sus actos, a tal punto que su decisión afectara a un sin numero de vidas haga una u otra cosa.
Lo siguiente pues, seria preguntarse, como realizar lo bueno, que seria al parecer la única actividad favorable al hombre. Y al parecer me veo sumamente influenciado por Aristóteles en este tramo (aunque de lei muy poco), donde en primer lugar hay que considerar la felicidad como fin ultimo, supremo, y la virtud, como medio por el cual conserguirlo. Porque la felicidad en si misma es similar al lujo, tan reducida como el placer y agotable como las emociónes. La virtud del hombre, en cambio, el hombre parsimonioso, contemplativo, que media entre los extremos con justicia y lealtad, pues entonces estará haciendo bien las cosas antes de finalizadas, estará actuando correctamente, por lo que no puede sino devenir un bien superior a partir de estos bienes previos. El fin supremo por lo tanto depende de los fines parciales, como la felicidad (fin ultimo) depende de la virtud (fin intermedio) de quien razona con el alma, y ama la vida contemplativa (y agrego: quien vive espontaneamente conectado con su medio, y no tan encerrado en su cabeza). Pero a decir verdad ¿es la felicidad el fin último de la acción humana, o es la virtud, que es quien permite la felicidad? Por un lado es razonable nombrar la virtud como responsable de la felicidad; pero aun mas importante resulta recalcar que es hacia la felicidad hacia donde se dirigen todas las acciones, ya que es esta la que permite una vida satisfactoria, suficiente y plena, que no cuestiona a quien la vivencia, ya que no es una adquisición, sino un estado. La felicidad no se compra ni se educa (es prácticamente ajena al control voluntario); la virtud en cambio, sí. Porque se llega a ser virtuoso mediante el aprendizaje, mediante la educación que centra en la atención del hombre las actividades del alma (razón). Ante todo el equilibrio. Hipócrates dice: equilibrio de tensiones. Aristóteles en ética Nicomaquea también lo nombra: es el medio y no los extremos los que llevan a una acción justa, y en consecuencia, correcta.
Y si basta con acciones correctas para hacer el bien, pues entonces el bien es un adjetivo adjudicado a distintos estados, que no superan el orden de lo terrenal (podría plantearse el bien como algo divino que presta sus atributos a distintas acciones), o mas bien, ni siquiera superan el orden de lo humano. ¿O acaso los animales actúan bien o mal? Al parecer el bien no es tan trascendente como pensaríamos, sino más bien que depende del sujeto, de la sociedad y las normas en la que esta inserto y, en última instancia, de la opinión general. Pero no va más allá de eso. Sin embargo la virtud supera al actuar correctamente, dado que una vez adquirida se transforma en una estructura, y por lo tanto actúa tanto mejor quien es estructuralmente benéfico, que quien decide hacer el bien en algunas ocasiones, y suplantarlo o contrariarlo haciendo el mal en otras. El primero es un hombre moral; el segundo un hombre practico. El primero quiere el bien supremo, ya sea propio, de su pueblo o universal; el segundo, busca fines particulares. El primero puede referir a las leyes su obrar; el segundo, a sus intereses individuales. Entonces, sin duda, el primero constituye parte del grupo de los hombres justos y virtuosos, que tienden hacia el bien, mientras que el segundo es parte del vulgo, donde las tendencias y pasiones interiores tienen más fuerza sobre las elecciones personales, que la contemplación del alma entrenada. Uno podría considerarse sabio, el otro técnico (y ya notamos en occidente las consecuencias, de formar una sociedad tecnicista).
Y llegamos a conocer del hombre su aspecto mas objetivo: la relación mente – cuerpo. La relación dual entre el instinto y la razón, conformados en una indiscernible dialéctica dentro de una misma persona. Y el discurso nos ha llevado a finalizar con lo que comenzamos; dado que es esta disociación la que le permite al hombre abstraerse del medio natural del cual proviene (a diferencia de los animales), para insertarse en su propio medio, el que conforma como ser humano, la civilización. Por lo tanto el ambiente natural del hombre de cultura es la cultura misma, y por ello le cabe plantearse preguntas como lo bueno, lo malo, lo justo y la libertad, al momento de relacionarse con sus semejantes. Y por lo tanto le cabe preguntarse por el origen de tales acciones, proceso mediante el cual entrena el alma, adquiere la virtud, y si bien no consigue la felicidad (muchas veces los infortunios sobrepasan el espíritu), al menos se desplaza por la senda del bien, por él y para todos, fuente primordial de verdadera libertad. No olvidemos decir que el conocimiento lo acerca a uno a la verdad; y la verdad, es la única fuente de real libertad.
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